sábado, 29 de julio de 2017

CRUJIENDO A MADINA




Madina se va,
menudo infeliz,
te olvidarás
de que te hundí.
Y yo en mi ventana,
te lo dice Susana,
tendré al PSOE para mi.

    Dicen que así andaba canturreando Susana Díaz en una de las pausas del XIII Congreso del PSOE andaluz, que la revalidó como generalísima. Alfonso es una página difícil de arrancar. Gran admiradora de José Luis Perales, la lideresa se hizo con su Y tú te vas, manipuló una miajilla la letra, que a ella se le dan fetén esas cosas, corasón, y, mientras se arreglaba la melena, dedicó unos minutos de regodeo a uno de sus mayores éxitos en las cloacas socialistas: el hundimiento de la casa Madina.

    Andaba Eduardo tocado, pero no hundido, la noche que lo conocí, en otoño de 2015. Había recibido ya el bilbaíno la primera estocada de la Díaz el año anterior al pretender hacerse con la secretaría general del PSOE en unas primarias truculentas, retorcidas y muy maniobradas, como viene siendo tradición en ese partido. Cuentan que a la andaluza se la llevaban los demonios cuando se enteró de que el favorito de las bases, protegido, además, del predecesor Rubalcaba y algunos barones más, presentaba la candidatura a un puesto que ella se moría de ganas por alcanzar. Por derecho propio, se repetía a sí misma, tenía que ser suyo, ella era la elegida para llevar algún día las riendas no de Andalucía, no, de España entera, que a mi no me la parten estos catalanes. Espejito, espejito, ¿quién es la más guapa, la más lista, la que va a llegar a lo más alto? 
    Pero no era el momento. La de Triana barruntaba librarse, por aquellos días, del yugo de IU en la Junta -que ella ya viene dejando claro que se siente más a gustito con los de Ciudadanos-; adelantar las elecciones andaluzas y demostrar que ella era la reina del Sur, con ERE o sin ERE, con Griñán y Chaves imputados o sin imputar, con bótox o sin bótox, ella era La Heredera. ¡Ole! A este Madina voy a crujirlo yo como está mandao. Necesito un candidato testaferro hasta que llegue mi momento. 
    La sevillana mandó a toda máquina a su tripulación y no paró hasta estrellarse con un escollo guapetón y resultón que, estaba segura, iba a dar el pego entre sus baroncitos. Tranquilo, chiquillo, tú hazme caso, que conmigo vas a llegar muy lejos. Déjate llevar, Pedrito. Mira, Susana, que yo soy más que una cara bonita. ¡A mi con esas! ¡Eh, mirad qué candidato más apañao os traigo! ¿A que va a dar el pego? Y así fue como la ambición rubia sevillana se llevó por delante a Madina y empezó a dinamitar, sin saberlo, con lo larga que tú eres, su propio futuro en lo alto del PSOE y el propio PSOE, con la inestimable complicidad de las bases socialistas, todo hay que decirlo, que todavía no se habían puesto en modo respondón y, aunque en el norte Edu lo petó, del centro para abajo, lo que decían por tierras andaluzas pesaba lo suyo y Susana se salió con la suya.

    Ignoro de lo que será capaz este PSOE con Pedro Sánchez al frente. Pero nadie puede quitarme de la cabeza que si, en aquellas primarias, las bases hubieran votado con el mismo tesón reivindicativo que emplearon después para plantar cara a La Díaz y aupar a Pedro Sánchez, y Madina se hubiera hecho con la jefatura del partido, las cosas habrían sido muy distintas para el PSOE y para España. Pero, en fin, eso no es más que política ficción.

    Esa noche en cuestión, la que conocí a Madina, digo, había acudido yo al distrito madrileño de Fuencarral, cuya federación socialista me había contratado para ejercer de maestra de ceremonias en su gran noche electoral. Una hora antes, ya estábamos todos allí. En el cartel: mi querido amigo y otrora compañero de tertulias Juan Segovia –otro socialista valioso desaprovechado-, diputado de la Asamblea de Madrid; el carismático Eduardo Madina, que no paraba de recibir constantes muestras de cariño y apoyo de los vecinos y afiliados que iban llenando el teatro, y el inefable barón José Bono. En el ambiente, miedo, mucho miedo porque las encuestas vaticinaban una caída del PSOE, que acabó derivando en batacazo, y mucho recelo hacia Podemos. Pero aquella tenía que ser y acabó siendo una noche triunfal y la procesión iba por dentro. Por fuera, chascarrillos y ocurrencias de Don José, al que no cesaba yo de repetir: ¿Pero qué habéis hecho? Las cositas entre Sánchez y Madina estaban tan tensas, gracias al buen hacer de la sevillana, que al vasco, resignado, obediente y apechugando, no le quedó otra que aceptar el puesto número siete en la lista por Madrid que le habían endilgado. ¿Que Eduardo se va a quedar fuera del Congreso? ¡Vamos hombre, hasta ahí podíamos llegar! –no cesaba de clamar Bono, con esa vehemencia tan suya. Y vamos si se quedó fuera… La segunda crujida en la frente.

    Esa noche quedé tan impresionada por la fuerza carismática y política de Eduardo Madina, el más aclamado y aplaudido por el público, de calle, por esa autenticidad que tan bien sabía transmitir y la manera en que lo hacía, que me sorprendí a mi misma ovacionándole en más de una ocasión, totalmente entregada a su magnífico speech.

    Así que ayer, cuando me enteré de que Madina tiraba la toalla política, no pude evitar sentir una cierta tristeza por él y por todos nosotros. Sentí una tristeza estructural, que vengo sintiendo de largo, por pertenecer a una época tan mezquina y canalla como esta, que acorrala sin piedad a los más capaces y encumbra a catervas de mediocres para que la plebe tenga su opio, o su soma, bien servido. Que hay mucho más opio más allá del fútbol. Sentí también una tristeza ácida y amarga por vivir en un país destinado a la fatal ausencia de entendimiento entre la izquierda en general; y por la estulta glotonería incontenida del PSOE y sus tramas oscuras, que han ido engullendo, uno tras otro, como si del dios griego Cronos se tratara, a sus mejores hijos: Borrell, Chacón, Talegón, Madina…

    Finalmente, sentí un cabreo descomunal ante la obscena falta de respeto en las redes sociales hacia Eduardo Madina y la decisión discreta y elegante que había tomado. También ahí lo crujieron. Leí de todo en el Twitter: que si es un traidor, un hipócrita, un fantasmón, que si va de cabeza a una puerta giratoria… Bueno, eso no lo sé, ya se verá. Pero, claro, ¿qué respeto se puede esperar de un país en que un dirigente canario y miembro actual del comité ejecutivo del PP, Benicio Alonso, llama a Eduardo Madina “el cojito de la ETA” y nadie de su propio partido le haya partido, valga la redundancia, ya lo creo que sí, la cara? Porque luego bien que se parten la cara y lo que haga falta reivindicando el asesinato de Miguel Ángel Blanco y exigiendo pancartas, que ellos sí que son anti-terroristas. Los demás ya tal… Salvo alguna cosa.

    ¡Qué elegante y profundo tiene que ser el sentido ético de alguien para no caer en la tentación de rentabilizar políticamente, cada vez que se tercie, la condición de víctima terrorista! Claro que esa siempre ha sido una de las claves del poderío que irradia Eduardo Madina, no ir de víctima. No sentirse una víctima. A pesar del antibiótico que se verá obligado a tomar hasta el fin de sus días, todos los días, sin rechistar, si quiere que el muñón de su pierna izquierda amputada no le amargue la existencia. A pesar de haber visto truncada su carrera como jugador profesional de voleibol del UPV Bizcaia, a los 26 años, en pleno apogeo. A pesar de haber perdido a su madre, que nunca ya superó la depresión que se adueñó de ella tras el atentado, y murió de un ataque al corazón diez meses después. A pesar de los pesares y de haberse visto obligado a renunciar a sus sueños y tener que inventarse otros. 
    Superar lo que él, y otros más, habrán tenido que superar y reconvertir todo la devastación física y emocional, inimaginable para la gran mayoría de nosotros, en una vida plena debe de dar una fuerza moral de la hostia. Y digo yo que tienen más que ganado nuestro respeto.

No sé qué quedará de aquel chavalote de Bilbao de 1m91, loco por la música y el volei, que acabó licenciándose en Historia Contemporánea por la Universidad de Deusto. Tampoco sé qué es lo que Eduardo Madina hará con su vida. Solo sé que el PSOE ha perdido uno de sus activos más valiosos, que empezó a militar en las Juventudes Socialistas a los 17 años y que deja su partido de toda la vida con 41, en plena madurez, cuando más preparado estaba para dar lo mejor de sí mismo. Algo no estarán haciendo bien. 
También sé que cuenta con todo mi respeto y que le deseo mucha suerte. ¡Que les crujan, Edu!







domingo, 23 de abril de 2017

¿Qué isla te llevarías a tu libro?


¿Qué isla te llevarías a tu libro, la de Aldous Huxley o la de Robinson Crusoe? ¿O preferirías que Penélope te la tejiera a medida? ¿Cuántas páginas surcarías para visitar a Stevenson? Te emborrachas de libros en la biblioteca de Borges, pero no te atreves a subirte a las barbas de Valle Inclán. ¿Dejarías a solas a Raskólnikov con Las Muchachas en Flor?

Preferiría no hacerlo.

¿Cuánta parte de tu alma seguiría en El corazón de las tinieblas de no haberte encaramado a los Ensayos de Montaigne? ¿Conversarías acaso con Goethe si Eckermann no te hubiera dado permiso? ¿Te agarraste un colocón con la imaginación de Gogol para alcanzar las alturas de Thomas Bernhard? ¿A quién acostaste primero, a Gargantúa o a Pantagruel?

Preferiría no hacerlo.

Si la pureza de Don Quijote no te conmovió, no puedes coronar la cima de La Montaña Mágica. Ni columpiarte en el humor de Jardiel Poncela sin pagar el peaje de Fernández Flórez y ponerte las gafas de Quevedo. Esconderte en las Metamorfosis de Kafka u Ovidio no te librará de las pesadillas del Hotel Overlook, por cuyos pasillos deambula Poe montado en uno de los gatos de Baudelaire.

Preferiría no hacerlo.

Planta cara a las musas si insisten en retarte a componer escritos. No se rindió Cervantes al maltrato de su época, ni sometió su ingenio a las bajezas de los mandamases, pues como dio en decir el caballero de la triste figura “aunque pusieron silencio a las lenguas, no le pudieron poner a las plumas, las cuales, con más libertad que las lenguas, suelen dar a entender a quien quieren lo que en el alma está encerrado.”

Preferiría no hacerlo.

¡Dámelo todo, Montaigne! Empújame desde lo más alto de la torre de tus Ensayos:

Sócrates fue el único estimado digno del nombre de sabio por haber seguido con certeza el precepto de su dios, que le mandaba conocerse a sí mismo. Quien así se conozca no vacile, y atrevidamente hágase conocer por sus palabras.

¡Oh, Bartleby! ¡Oh, humanidad!



Marisol Galdón

miércoles, 8 de marzo de 2017

MATADORES




Llegó el 8 de Marzo, nuestro día, yupi, el Día Internacional de la Mujer. En pleno 2017, superado ya el fatídico 1984 de Orwell y mucho más allá de la futurista odisea espacial del 2001 de Kubrick, aquí seguimos las mujeres, las que seguimos vivas, aprovechando que nuestro Día pasa por ahí una vez al año, más saturadas que las grasas de estancada impotencia en lo que a derechos y justicia se refiere y sin el más mínimo deseo de celebrar nada de nada.

No hay nada que celebrar, oigan. No nos insulten felicitándonos, por favor. Reservemos las felicitaciones para ese día en el que…

al levantar la vista
veremos una tierra
que ponga igualdad

Descanse usted en paz, camarada Labordeta, que estoy segura no le importará que haya intercambiado libertad por igualdad en su Canto a la Libertad. Habrá un día en que, cuando el destino se digne alcanzarnos, no necesitaremos un día para que el mundo haga el paripé reivindicativo con nosotras y falte de nuevo a nuestra inteligencia y abuse de nuestra tolerancia, olvidándose al día siguiente del maltrato y la vergonzante desigualdad a que nos somete, porque ya no será necesario.

Pero a la espera de que llegue ese día, hoy la mayoría de ordenadores de las redacciones mediáticas de todo el mundo se apuntan al postureo reivindicativo, con artículos, reportajes, documentos, y piezas para sus informativos plasmando, en el mejor y más solidario de los casos, las reiteradas, año tras año, década a década, golpe a golpe, violación a violación, reivindicaciones de las mujeres y sus derechos torcidos. La mayoría no son más que refritos de lo mucho que se lleva escrito ya, puesto que la realidad, para la inmensa mayoría de las mujeres del planeta, sigue tan embarrancada como los pasados 8 de Marzo de los últimos 50 años. Y vamos a peor.

Leeremos en las redes sociales, en fin, nuevos e imaginativos tuits, enlaces, artículos, memes y fotos plasmando el injusto proceder que una sociedad ingrata y, sí, lo siento, machista, asúmelo y déjate de hipocresías, muchacho, nos tiene reservado a las sufridas mujeres. E incluso habrá más de un gilipollas bromeando al respecto. Espero que no se cruce en mi camino cibernético.

Por todo ello, este 8 de Marzo, no pretendo abundar en lo mucho que se ha dicho y reivindicado y debe seguir diciéndose y reivindicándose, sin duda, qué remedio, el mundo se hace el sordo con nosotras, ya que el exhaustivo y reivindicativo artículo que escribí en este mismo blog hace un par de años sigue plenamente vigente, muy a mi pesar, y a disposición de quien desee leerlo: No woman no cry, Fight!!!





Asesinos habituales

Este año me he propuesto hacer saltar la banca de la historia del crimen mundial porque, por si no lo sabías, lleva siendo controlada desde tiempos inmemoriales por los hombres, prácticamente en exclusiva. Dispongo para ello de la objetiva y empecinada frialdad de datos y estadísticas que ponen al descubierto una realidad criminal que apenas nos cuentan por salir ellos, los hombres, tan mal parados.

¿Sabías, por ejemplo, que, a pesar de ser las mujeres algo más del 50 % de la población del planeta, casi el 95% de los homicidas de todo el mundo son hombres?

Así quedó recogido en el más reciente estudio mundial sobre el homicidio realizado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y publicado en 2014.

Ese mismo estudio recoge datos tan curiosos y sorprendentes como que “de país a país y entre regiones, independientemente de la tipología del homicidio o del arma empleada, los hombres suelen ser asesinados por alguien que ni siquiera conocen. Mientras que casi la mitad de las mujeres son asesinadas por las personas (hombres en su mayoría) más cercanas a ellas”. Esa traición de confianza resulta cuanto menos aterradora.

Como señalaba Enrico Bisogno, jefe de la unidad de desarrollo de datos de la UNODC, en una entrevista para la BBC: “Los homicidios son principalmente un problema de hombres, desde la perspectiva no solo de los perpetradores sino de las víctimas.”

Consultado al respecto el director del Instituto de Criminología de la Universidad de Cambridge, Lawrence Sherman, declaró, en ese mismo reportaje de la BBC, que la concentración de asesinatos entre hombres es una de las constantes más firmes de la criminología. A las mujeres nos matan menos. Y nosotras, cuando lo hacemos, es en la mayoría de los casos, en defensa propia.

Sherman citó los hallazgos del historiador urbano estadounidense Eric Monkkonnen, considerado una autoridad mundial en la historia del crimen. Monkkonnen nos legó sus exhaustivos y valiosísimos análisis sobre las estadísticas de homicidios en algunas ciudades, entre ellas Londres o Nueva York. No pueden por menos que impresionar y sobrecoger algunas de esas conclusiones:

-Homicidios cometidos en Londres entre 1719 y 1856, 137 años: 85% de los asesinos identificados fueron hombres.
-Homicidios cometidos en Nueva York entre 1797 y 1875, 78 años: 93 % de los asesinos identificados fueron hombres.
-Homicidios cometidos en Nueva York entre 1968 y 1994, 26 años: 93 % de los asesinos identificados fueron hombres.

En lo tocante a nuestro país, Miguel Lorente Acosta, médico forense y profesor de Medicina Legal en la Universidad de Granada, en un excelente y meticuloso artículo publicado en 2013, titulado Hombres asesinados y mentiras resucitadas, se encarga de poner los datos en su sitio a todos los machos manipuladores que los retorcieron en su favor. A raíz de unas estadísticas de violencia doméstica publicadas ese año en España, algunos de estos hombres se vinieron arriba y enarbolaron la bandera del 29% de hombres asesinados en el ámbito familiar. Pero como muy bien matiza el profesor Lorente Acosta: “se olvidaron mencionar que el 86% de los homicidios de hombres cometidos dentro de las relaciones familiares o domésticas son cometidos por otros hombres”.  

El porqué el instinto violento y asesino sigue estando, siglo tras siglo, muchísimo más arraigado y desarrollado en los hombres que en las mujeres es una incógnita, motivo de perplejidad y estudio por parte de todo tipo de criminólogos, psiquiatras, psicólogos, antropólogos y especialistas diversos. Y sin embargo, a día de hoy, no hay conclusiones claras y consensuadas al respecto. O no tienen interés en que las haya.

Algunos tratan de paliar el inagotable ansia depredador masculino amparándose en explicaciones puramente científicas, como las que sacaron en una investigación de la Universidad Hebrea de Jerusalén, publicada en la revista Genes Brain and Behaviour y que culpabilizaba al Gen UVPR1, en los casos en que es más corto, del exceso de agresividad y egoísmo. Factor este del tamaño que se produce casi siempre en los hombres.

Otras expertas, como la doctora Florence Rosemberg, profesora de Antropología de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de la Universidad de México, lo tienen muy claro: “Los hombres inventaron la guerra y me refiero a los varones. Desde el neolítico, desde el surgimiento de las primeras ciudades, del poder y del Estado teocrático y militar, los varones empiezan a conquistar otros espacios y así inventan la guerra”. Y añade: “Es bien sabido que, cuando los hombres llegan a conquistar otros lugares, roban o violan a las mujeres, usan la violencia. Eso ha sido parte de la historia en los últimos 5000, 6000 años”.

Pues para querer sacar conclusiones, poca prisa se están dando… ¿Cómo es posible que sigamos igual, viviendo en una sociedad que tolera esta lacra? Desde luego, la escasa voluntad de querer solucionar o ni que sea enmendar la evidente aberración que muestran estas cifras, por parte de los hombres, los hace acreedores de una imperdonable falta de autocrítica patológica que comentaré a continuación y con la que debemos ser más implacables, puesto que los perjudicados somos todos y todas.

Con la testosterona hemos topado

¿Sabías que más del 98 % de asesinos en serie del mundo son hombres?

Si este dato brutal no basta para que expertos y expertas se pongan a ello de inmediato y busquen soluciones con urgencia y eficacia, es que la naturaleza humana se ha perdido para siempre.

Pero la reina del baile criminal de los hombres, a la que todos los expertos, sin excepción, le piden uno es, sin duda, la testosterona. El exceso de esa substancia, la hormona que dispara la agresividad, es la explicación habitual entre los que tratan de entender por qué los hombres son tan propensos al uso de la violencia. La concentración de testosterona en el plasma sanguíneo de un hombre es diez veces mayor que en el de una mujer. Y como el consumo metabólico de testosterona en los hombres es veinte veces mayor que en las mujeres, ya tienen la explicación servida.

Ah, pues muy bien, oiga, pero habrá que hacer algo al respecto, ¿no? Menos explicaciones y más soluciones. Porque no solo de testosterona está formado el hombre de los cojones. ¡Ahí le has dado! La testosterona es una substancia que juega un papel clave en el desarrollo de los tejidos reproductivos masculinos como la próstata y los testículos. Y no podemos descartar que ese infantil empeño atávico universal tan arraigado en los hombres, desde el minuto uno de los tiempos, por demostrar quién tiene más cojones sea la mayor y más absurda causa de mortandad de la humanidad.

Caballeros, ¿qué parte de civilización no han entendido? O me ponen más empeño en solucionar esto pronto o las damas nos hartamos del abuso de paciencia y vejación al que nos vienen sometiendo y aquí se va a montar la de Dios.

No deja de resultar sospechoso, por otra parte, que la mayoría de expertos varones acuda a explicaciones científicas, tratando de hallar justificaciones; y tengan que ser las expertas las que más ahonden en la búsqueda de explicaciones y soluciones psicológicas.

Candice Batton, reconocida directora de la Escuela de Criminología y Justicia Criminal de la Universidad de Nebraska, ha estudiado el tema larga y concienzudamente y considera más que evidente que los hombres son menos propensos a desarrollar las atribuciones negativas de culpa y tienden a buscar causas ajenas a su naturaleza con las que justificar su comportamiento y culpar a los demás de sus problemas.

Eso nos deja con una muy extendida y preocupante falta de autocrítica masculina que se viene llevando por delante la vida de millones de seres vivos. Pero nada, oye, sigan, sigan…

Las mujeres, por el contrario, somos más propensas a desarrollar atribuciones negativas de culpa, atribuyéndolas a causas internas. Y venga a machacarnos.

¡Es que somos imbéciles, chicas! Críticas con nosotras mismas y comprensivas con los demás. ¿Y de qué nos ha servido? ¿Cuánta tolerancia más estamos dispuestas a desplegar mientras ellos no se pongan las pilas correctivas con sus excesos? ¿Cuántos derechos legítimos más vamos a tener que luchar dando la vida en pago mientras ellos siguen matando porque van pasaditos de testosterona? ¿Hasta cuándo va a permitir la sociedad que el impulso criminal tan inequívocamente arraigado en los hombres siga llevándose vidas por delante?

Conclusiones

Teniendo en cuenta lo expuesto hasta ahora, no hace falta ser una lince para concluir que el afán criminal de los hombres le ha costado y le cuesta a la humanidad billones y billones de horas, recursos y dinero público dilapidado en gastos judiciales, policiales, penitenciarios, terapéuticos y sanitarios. Amén de quilates y quilates de sufrimiento, dolor, devastación e impotencia del todo incalculables.

Exigir mucha más seriedad, conciencia y voluntad de resolución para erradicar este gravísimo problema es lo mínimo que podemos hacer.

Y exigir respeto personal e institucional para todas las mujeres asesinadas, violadas, maltratadas, explotadas, infravaloradas, vejadas y torturadas por energúmenos, sociópatas, jefes abusadores, maridos y parejas desalmados, colegas trepadores, canallas camaleónicos…

Nosotras, las mujeres, no somos las criminales. Nosotras no causamos pérdidas al dichoso sistema. El sistema de los hombres, ese al que se nos permite acceder en cuentagotas. Y gracias. En nuestra declaración de renta de la vida nos toca a devolver. Porque son muchos más los beneficios que generamos (profesionales, emocionales, intelectuales, familiares…) que las molestias. Y sin embargo, incomprensiblemente, llevamos siglos tragando mucha injusticia y desigualdad sin merecerlo, que ya no sabemos qué más demostrar, demostrado está todo de sobras, y nos ha salido una úlcera en el alma que nos sangra de insatisfacción e impotencia.   

Esto no puede seguir igual. No podemos ni debemos seguir adelante mañana como si tal cosa. Dando por hecho que toda esa mierda masculina puede seguir apestando porque es lo normal. Ya el Día De La Mujer se celebró y a otra cosa. ¡NO, NO Y NO!

¡Respeto, consideración e igualdad!
#NiUnaMenos







lunes, 5 de diciembre de 2016

HOMBRECITOS (LITTLE MEN)




    No disimules. No contengas más tu tripa marrullera, hombrecito. El siglo XXI va salido y te está dando permiso para que salgas de la caverna, escondas los huevillos, saques pecho y puedas gritar bien fuerte: “Soy un machista, ¿qué pasa?” Se acabaron las apariencias para ti, ya no es políticamente incorrecto ser un cerdo misógino. Ahora es lo que se lleva, es lo más. Te da puntos en la estulticia mundana de la bajeza internacional.



    Vamos, dámelo todo, escupe tu satisfacción por follártelas a todas, de dos en dos, de tres en tres, que para eso estamos. Chupa, chupa, perra, y toma, toma, toma, guarra, deja de gritar, cojones, que sé que te gusta que te la meta hasta el fondo aunque digas que no, ¿eh? ¿No has tenido bastante, puta? Tranquila, que estos amigos míos te van a dar lo tuyo luego. ¡Eh, tío, que se está despertando, te dije que le dieras más burundanga, joder! ¿Pero lo estás grabando o no? ¡Lo vamos a petar en el whatsap!

   
Desde que El Rubio, ese que decía "cuando eres una estrella, las mujeres te dejan hacerles cualquier cosa, agarrarlas por el coño, lo que sea", sí, ese mismo y su discurso misógino arrasaron en la Casa Blanca, las mujeres vivimos en una Casa Negra, como la de Bernarda Alba, arrimadas al brasero de los encendidos fuegos machistas que crepitan alegremente por el planeta y nos queman las entrañas. 
    Se abrió la veda para injuriar a las mujeres de este a oeste y de norte a sur. Pretenden arrebatarnos la dignidad que tantos siglos nos costó alcanzar cuando casi rozábamos la igualdad, con prepotencias e ignominias varias. El brindis a la ignorancia más testosterónica y misógina se propaga entre los que tan solo aparentaban que se sentían soliviantados cada vez que un hombrecito daba su merecido a una de esas cabronas. ¿Maltrato? ¡Anda ya! Se regodeaban por dentro y ahora también por fuera. Sí, por fin pueden mostrar públicamente su aberración y quedar impunes. Aceptan maltrato y violación como animales de compañía y echan toda su carne putrefacta en el asador manipulador vendiendo la moto de que el Feminismo no es más que una forma de Machismo, pero a la inversa. ¿Cómo lo ves? Y si cuela, cuela.



    ¡Qué poco aguante tienes, tía! Hazte a la idea de que tenemos voceros potentes y convincentes que se han venido arriba desde lo del Trumpazo y no pararemos hasta devolverte a las cunetas oscuras de las que nunca tenías que haber salido. ¿O acaso David Pérez, insigne alcalde de Alcorcón y diputado regional, no te lo ha dejado claro? ¡Que no va a dimitir por una tontada como esa! ¡Estás amargada y frustrada, so feminista rancia, gracias a mí y a mis colegas que llevamos siglos atándonos los machos! Tranquila, corre de nuestra cuenta que sigas estándolo. ¿O es que no lees a los ilustres Sostres y Espada haciendo apología del terrorismo machista desde sus columnas del ABC y El Mundo? ¡Que te pongas los cascos de una puta vez y escuches las mierdas del tal Maluma, nuestro nuevo héroe! ¡Escucha y aprende! ¿O acaso no estuvo en La Voz dando clases magistrales de machismo? Anda, léete lo que escribía Yolanda Domínguez en El Huffington Post del 4 de diciembre y te enteras, Machista y misógino: así es el artista que lo peta entre los jóvenes. 

   ¿Que la tasa de paro femenina en España supera en 3,5 puntos a la masculina? ¿Y qué esperabas? Estabas tardando en volverte a la casa, de la que nunca tenías que haber salido, y ocuparte de las tareas del hogar. Y de los hijos, ingrata. ¡Ábrete de piernas y ponte a parir que bastante cuartelillo te estábamos dando, estúpida incauta! ¿Qué dices, que un 25% de trabajadoras en estado de gestación pierde su empleo? ¿Cómo, Mobbing Maternal? Ya empezamos con las palabrejas… El Gran Jefe Rubio lo dejó bien claro: "Un embarazo es un inconveniente para una empresa". ¡A mí qué coño me importa que España sea el sexto país con mayor brecha salarial de la UE! No pretenderás que te paguemos lo mismo que a los hombrecitos que bastante estamos haciendo ya teniendo que soportarte en el trabajo.     

   
   Tenéis los días contados, nenitas reivindicativas, feminazis de mierda, vamos a saco y nos ampara la manada amoral que contamina el cotarro y lo controla a placer. Cuenta atrás para el retroceso feminista...

    ¡Que te crees tú eso, hombrezucho!
    Que ahora se os oiga más alto, hombrecitos insignificantes, no significa que vayamos a consentir que nos despojéis de los pocos derechos que hemos conseguido conquistar. ¡Por encima de nuestro coño maltrecho! Dejad de pegar voces y coces. ¿O acaso os pensáis que los hombres de verdad no se sienten asqueados y avergonzados cada vez que abrís vuestra cloaca?



    No podemos permitirnos un retroceso tan infame como el que pretenden imponernos. La sociedad está sumida en un bache existencial del que solo saldremos juntos. Mujeres y Hombres. No te dejes engañar.

    


     

    

     

viernes, 16 de septiembre de 2016

PEROGRULLO Y PREJUICIO





Los prejuicios son unos virus que tienen la impertinencia de correr como la pólvora. Se crían en el lado oscuro y como no matan ni engordan, así de primeras, parecen inofensivos, se cuelan por cualquier rendija y se propagan rapidísimo. Su objetivo es nublarte el juicio y hacerte quedar como un zoquete desvergonzado a la más mínima ocasión. Porque los muy jodíos se atreven con todo y con todos, no importa quién esté delante. Además, no los ves venir, son sibilinos y saben cómo entrarte. Si te pillan con la guardia baja en un día tonto, has pringado. Luego se quedan ahí, agazapaditos, como si no hubieran roto un alma en su vida, obstruyéndote el criterio, y tú sin enterarte. O haciéndote el longui. Hasta que un buen día, decides hacer limpieza interior y los pillas in fraganti, pegándose el lote con tu espíritu, metiendo mano de mala manera a tu mente, acosándola. ¡Y no te queda otra que ponerte expeditiva y acabar con ellos cuanto antes! ¡Sin piedad, ni contemplaciones! ¡A saco!



 Al prejuicio, ni agua. Sea del tipo que sea. Al menos a los propios. Con los ajenos, es otro cantar desafinado. Si te pegas algún garbeíto por las redes sociales de vez en cuando, ya sabes a lo que me refiero. Las redes son un campo plagado de minas prejuiciosas. Por muchos vigías que pongas en tus atalayas cibernéticas, antes o después, hables de lo que hables, siempre acabas pisando una que se lleva tu indignación por delante. Sacan su sucia cabecita por entre las palabras de un comentario de alguien que se despistó o no es lo suficientemente escrupuloso y, ¡boom!, te explotan en todo el ánimo.

Fue justamente en esas redes donde, hace unos días, andaba yo entusiasmada y pletórica, compartiendo las sensaciones multicolores que me provocaba el partidazo de octavos del US Open, jugado por Nadal y la joven revelación Pouille, cuando una banda de prejuicios tomó mi Facebook al asalto. No falla, cada vez que veo un encuentro de Rafa y lo comento en internet, acaba saltando a la pista cibernética algún prejuicio que va soltando gotitas de ese veneno pestilente tan característico y lo contamina todo.


Tú estás a tope, subida en la moto de Rafa, pegándote un chute de intensidad de raqueta, gozando con el partidazo, ¡ole, ole!, a pesar de la derrota in extremis del mallorquín en el quinto set. Pero el prejuicio, que es tonto y mezquino por naturaleza y no entiende de gozos, solo de sombras, gusta de mezclar las churras con las merinas, las merinas con el bacalao, el bacalao con el tango y el tango con el tenis.  




    Y una se cansa ya de tanta tontería. El partido, como digo, estaba siendo emocionantísimo, más igualado, y por tanto, interesante, de lo que esperábamos, y más teniendo en cuenta que Nadal no había perdido un solo set en todo el Open y el chavalín francés le estaba arrebatando dos. Justo andaba yo comentando esta circunstancia, motivadísima, sorprendida y expectante, cuando un tipo del Facebook –todos los comentarios que aquí cito tuvieron lugar en esa red, en Twitter ese día no me entraron por ahí- va y suelta:

    “Por mi ya le pueden ir dando a este monárquico y defraudador de impuestos, además de renegado”.

    ¿Y qué coño tiene que ver eso con el partido de tenis? Es como si tú me dices: “Me han dado un premio a la mejor tarta de chocolate”. Y yo te respondo: “Por mi ya te pueden ir dando, guarro, que siempre dejas el baño hecho unos zorros, y encima copias en clase de ciencias, tramposo”.

    Patricia, una de mis seguidoras más resaladas y simpática, a la par que gran aficionada deportiva, le respondió:

    “¡No mezclar temas!! ¡Hablemos de deporte solamente! Es un partidazo. Hay que disfrutar, Fulanito.”

    Mientras todo eso sucedía, una servidora estaba más pendiente del suculento partido que de las redes. En uno de los descansos, empero, ojeé comentarios, leí los aquí citados, comprobé que el tío seguía en sus #TreceRueDelPercebe y añadí:

    “Fuera de lugar, Fulanito, chaval. Déjanos disfrutar tranquilos y, como bien dice Patricia, no mezcles temas”.

    Respuesta del menda:
    “¡Lo dicho! ¡Tenéis toda la razón! Está fuera de lugar… Sembla mentida que siguis catalana! (Parece mentira que seas catalana)”

    ¡Ay, la leche! Por si no había bastante con emponzoñar el tenis con la monarquía, los impuestos y los renegados (?), añade el tipo unas gotitas de nacionalismo envasado al vacío de una mente revuelta que entra al saco personal de mi condición nacional. El tío logra, ni que sea unos instantes, cabrearme y levantar unas iras, que trato de contener, gracias en parte a una frase de Mark Twain (la cultura siempre ayuda) que me viene a la mente:



    Y opto por responder, tratando de zanjar la cuestión:

    “I ara!! Fes-nos un favor i ves a dormir!” (Creo que no hace falta traducir, ¿no?)

    Sin embargo, el sujeto no solo ignoró el consejo, sino que me insultó de tan mala manera que no pienso repetir aquí sus irrespetuosas groserías, para no salpicar a nadie con tales bajezas. No está en mi talante rebajarme a responder improperios de alguien que ni tan siquiera conozco. Además, me lo estaba pasando pipa con el partido y no estaba dispuesta a permitir que un idiota me insultara o me cortara el rollo y saliera impune. Eliminé, pues, sus insultos y, de paso, lo eliminé a él de mi mapa cibernético y preferí olvidarme de ese ataque tóxico de baja estofa.





    Sí, tú, hoy estoy muy pistolera…

    Terminado el encuentro, cerré mi tanda de comentarios, encantada por el magnífico espectáculo que nos acababan de brindar ambos tenistas y algo triste por la derrota de Nadal. Y saltaron a la cancha redil un par de prejuicios más:

    (El primero no lo pongo en catalán, porque está lleno de faltas de ortografía. Mejor lo traduzco)
    “Pues a mí no me da pena. Desde que sé que es del Madrid, disfruto cada vez que pierde.”

    Bueno, bueno, bueno… He aquí una seguidora respetuosa con los aficionados del equipo rival que, además, “disfruta” con las derrotas de uno de sus seguidores célebres. Lo que viene siendo fair play, vamos. ¡Cuánta intolerancia tonta!, pensé. Y qué aburrida debe de ser la vida de esta mujer, juntándose solo con hinchas de su mismo equipo. Y recordé una anécdota que me sucedió hace unos años en un puente aéreo, destino Barcelona, con la que pegar un buen patadón a ese prejuicio. 

    Tuve el privilegiado placer de compartir vuelo con uno de mis futbolistas favoritos, Carles Puyol, fervoroso animalista, por cierto. Nos caímos muy bien de inmediato y el viaje se nos hizo cortísimo gracias a una charla amena y divertida, con muchos goles. En un momento dado (¡ay, Johann!), le pregunté:

    -Oye, ¿a ti con quién te gusta compartir habitación cuando vas con la Selección? (Lo de “La Roja” estaba a punto de caer)
    -Pues mira, supongo que te sorprenderá, pero con quien más a gusto me siento es con Raúl. Tenemos muy buen rollo, es un tío muy majo; además, nuestras mujeres se conocen y también se llevan muy bien.
    -¡Anda! Sí que me ha sorprendido, sí.
    -A ver, entiéndeme, en el Barça tengo muy buenos amigos, ¡pero nos vemos todos los días! -Y citó el magnífico defensa a jugadores de otros equipos, pero me vais a tener que perdonar, no los recuerdo.   

    ¡Chúpate esa!
    
    Y la segunda seguidora que prejuzgó fue una amiga, a la que, por cierto, conozco personalmente y es una mujer encantadora, de las que suele comentar en positivo y con buena onda. ¡Pero, chica, es lo que tiene el prejuicio, te obnubila los sentidos! Bien, pues ella añadió:

    “Ya era hora que perdiera. No le va mal al niño pijo. Lo siento, pero no me cae muy bien.”

    Por partes.
    
    ¿”Ya era hora (de) que perdiera”? No ha sido esta temporada precisamente un arrase de Nadal en las pistas. Si nos detenemos tan solo en los cuatro Grand Slams, comprobamos que, en el Open de Australia,  Verdasco lo apeó en 1ª ronda; en Roland Garros (su favorito), fue eliminado en la 3ª; una lesión de muñeca le impidió participar en Wimbledon y, cuando parecía que su juego iba encarrilándose y podía llegar lejos en el US Open, Pouille le eliminó en octavos.

    ¿”Niño pijo”?
    Deja que piense… Hummm… Pues va a ser que no, no se me ocurre ningún caso de deportista de élite que no encaje en la definición de “niño pijo”, ateniéndonos a la cantidad descomunal de dinero que amasan unos chavales y chavalas en sus años mozos, por el simple hecho de poseer unas habilidades deportivas o atléticas. Que eso sea procedente o no, no viene a cuento hoy aquí. Pero cuando a alguien de 30 años, que ya no es un niño, se le llama “niño pijo”, la cosa tiene un cante más despectivo, como de tío caprichoso, mimado, egoísta e incluso borde. Yo no sé, ni esa seguidora en cuestión tampoco, cómo será Nadal en su día a día. ¡Qué sabe nadie! ¡Y líbrenos Dios de tener que conocer de cerca a personas que admiramos porque se nos puede caer el alma al subsuelo!

    Lo que sí sé es que el tenista mallorquín es, junto a Roger Federer, uno de los jugadores actuales más educados en una pista de tenis. No se le conocen salidas de tono, actitudes chungas ni tonterías en mitad de los partidos, tanto si pierde como si gana. Su comportamiento es exquisito. Y ejemplar. Porque nunca da un punto por perdido, su lucha y entrega, incluso jugando lesionado, son de sobras conocidas, temidas y admiradas por sus rivales y por el público, ya que posee una capacidad mental increíble para no venirse abajo y remontar partidos que otros hubieran dado por perdidos. También sé que, cuando pierde, afronta sus derrotas con cruda auto-crítica, claro síntoma de inteligencia, y valentía, siempre da la cara, nunca justifica sus errores, y es el primero en entonar el mea culpa. Por todo ello, Nadal siempre ha sido y será uno de mis tenistas y deportistas favoritos de todos los tiempos. Porque se ha hinchado a darme alegrías y satisfacciones, sin alardear de ello, y me ha hecho vibrar con el tenis como pocos otros jugadores.

    Por no hablar de la Fundación Rafa Nadal y de cómo cientos de niños socialmente excluidos pueden jugar al tenis gracias e ella. O de cuando en 2013, habiendo ganado Nadal por segunda vez el US Open, la Federación Española de Tenis pretendía fletarle un vuelo privado que le trajera de vuelta en apenas unas horas a nuestro país, que se jugaba la permanencia en el Grupo Mundial de la Copa Davis, y él la declinó, diciendo: "No creo que esté el país para estos gastos". Y se plantó aquí por su cuenta.


    La tontuna del prejuicio me retrotrae a mi adolescencia -esa época en la que todavía no estamos curados de sustos, ni hemos apuntalado con el rigor de la experiencia y la sabiduría nuestra personalidad, pero creemos saberlo todo y abrimos de manera incauta y peligrosa las puertas a los virus prejuiciosos-, y mi pasión cinéfila empezaba a afianzarse. 

    ¡Mira tú por dónde, ni corta ni perezosa, me dio por cogerle manía a John Wayne! Desde que me había enterado de que era un facha y un defensor de la Guerra del Vietnam, lo desterré de mis películas. 



    ¡Pedazo de idiota! –me dije a mi misma, tiempo después, sucumbiendo a la evidencia del talento del Duque, cuya simple presencia en una pantalla destila un magnetismo que no necesita de muchas palabras para brillar. ¿Cómo pretendes amar el Séptimo Arte privándote de La Diligencia, Río Bravo, Río Rojo o El Hombre Tranquilo, por citar algunas de las mejores películas que ha protagonizado? ¿Estás tonta o qué te pasa, nena? Sí, estaba tonta, porque como fui aprendiendo, una cosa no tiene nada que ver con la otra. 
    De la misma manera que no puedo dejar de apasionarme por las interpretaciones de Sean Penn, a pesar de que cuando James Lipton le invitó al excelente programa televisivo Inside the Actors Studio y le preguntó cuál sería su noche de diversión perfecta, el actor contestó que lo sería con unos gramos de coca y un par de putas. Ni puedo dejar de admirar a Charlton Heston, ni de ponerme cachonda cada vez que veo su torso en Ben Hur, por muy burraco que se ponga con lo de la Asociación del Rifle; no está de más recordar que gracias a Mr. Heston y al dinero que puso de su propio bolsillo, Sam Peckinpah pudo finalizar el rodaje de su película, Mayor Dundee, e impuso al maestro Orson Welles en la dirección de Touch of Evil (Sed de Mal), como condición innegociable para protagonizarla. O me resulta igualmente imposible no sucumbir al genio de Picasso, pese a ser considerado por los estudiosos de la mente humana como un psicópata. Ni puedo dejar de leer a Hemingway o de admirar al ya mencionado Orson Welles porque les gustaran los toros.  

     
                                              

    Las interacciones y feedbacks de las redes sociales pueden ser chispeantes y estimulantes en muchas ocasiones, pero también aviesos, desalentadores e hirientes en otras. Cualquier cretino puede entrar cuando se le antoje y montarte el pollo. Solo con imaginarme a Oscar Wilde, Santa Teresa de Jesús, Leonardo Da Vinci o Bette Davis tuiteando me entra un sofocón… ¡La de barbaridades que les habrían dicho! ¡Y la de RT que les habrían hecho!

    No deja de resultar paradójico, por otra parte, que cuanta más información poseemos sobre la deprimente realidad política de nuestro país, más le ha dado a Prejuicio con hacérselo con Perogrullo, ese otro tipejo. Perogrullo era, según la RAE, “un personaje ficticio a quien se atribuye presentar obviedades de manera sentenciosa”. Obvio es, sin lugar a dudas, y muy presentado está ya, que el partido del señor Rajoy está atacado de una sobredosis corrupta que viene de largo, que las causas judiciales se le están empezando a amontonar peligrosamente y que la ejemplaridad del presidente del gobierno y su formación política brilla por su ausencia. ¡Ah, pues da igual! ¡Le siguen votando más de siete millones de personas! ¿Cómo es eso posible?




    Ignorancia estructural y voluntaria, que no de datos. Estamos inmersos en una situación enfermiza, que ha derivado en patológica, y nos está perjudicando a todos. Una clara irresponsabilidad democrática, de fatales consecuencias, que genera un estrés de impotencia para muchos otros millones de votantes, repartidos en distintas opciones políticas, las cuales no están dispuestas a llevar a cabo el más mínimo sacrificio de entendimiento. Ni por el bien común. ¡Menuda panda de ineptos charlatanes, que lo único que están demostrando es que lo del “bien común” es la menor de sus preocupaciones!

    Los españoles parecen más afrontar sus simpatías por un partido político u otro como si fueran forofos de un equipo de fútbol, con esa deplorable incondicionalidad hooliganesca que tienen los hinchas más parciales y cegados. Más podredumbre sale a la luz de los suyos, más se empeñan en ignorarla, mirar hacia otro lado o reafirmar la fidelidad a su equipo/partido justificando lo injustificable y sembrando manojos de prejuicios sobre los demás equipos/partidos con total desvergüenza vengativa. Si no es con los míos, con ninguno. 

   ¡Pero es que el ejercicio de la democracia no es un partido de fútbol! ¡No se trata de ser leal a tu partido manquepierda, ni de animarlo cuando está jugando mal y practicando un juego sucio que se está llevando nuestros derechos por delante! Aquí de lo que se trata es de salvaguardar todos juntos esos logros que tantos años tardamos en conquistar. Se trata de castigar a los que han sido malos, sean del partido que sean, de manera ejemplar; para que se les quiten las ganas de volver a intentarlo. Se trata, en definitiva, de hacernos respetar y respetarnos a nosotros mismos. De ser más críticos e implacables con los nuestros, exigirles más y procurar que las futuras generaciones no se vean obligadas a buscarse la vida lejos de un país devastado por nuestra propia ignominia. 
    Un partido de fútbol no será, pero no veas la de goles en fuera de juego que nos están colando.


    Tenemos la obligación de plantar cara a los prejuicios y de encerrar a Perogrullo en un sanatorio del que no salga hasta que sus perogrulladas no hagan mella en nuestra insensata estupidez colectiva. 
    Tenemos la obligación de poner el paracaídas a nuestra mente, ser valientes y lanzarnos a la conquista del tiempo perdido antes de que sea demasiado tarde.


jueves, 14 de julio de 2016

ALMA WÁTER. YO ME CAGO EN LA PRÓXIMA, ¿Y USTED?




    ¿Cómo se puede ser honesto en un mundo deshonesto?, pregunta al cura el personaje que interpreta el estupendo Guillermo Francella –sí, el mismo que nos hizo creer que era un hombre chiquitito en Corazón de León- en la curiosa y original serie argentina El hombre de tu vida, creada por Juan José Campanella. ¡Esa es la pregunta, en efecto! ¿Por qué insisten en educar a las inocentes criaturas en la frustrante senda de la bondad si no les va a quedar otra que pillar, antes o después, la autopista de la maldad, que encima es de mefistofélico peaje? Se quedan con tu pasta, tu alma y tu dignidad de una tacada y, si insistes en lo de seguir siendo buena gente, a lo tuyo, sin meterte con nadie, te pegan un hostión de muy padre y señor mío y te ponen en su sitio de golpe. 

    ¡Si serán cabrones! ¿Por qué no nos lo decís a la cara y a las claras? ¿A qué viene todo ese postureo de mierda? ¡Que son muchos siglos ya de chapuza y el inconsciente colectivo nos está pasando una factura descomunal! ¿No sería mejor ir contando la película ya desde chicos, para evitar malformaciones emocionales irreversibles y de fatales consecuencias? ¡Que a la gente se le va la olla y no me extraña! No a todos se nos da bien alternar en el prostíbulo terráqueo en que habéis convertido el mundo, hatajo de hipócritas manipuladores: o te prostituyes (tu cuerpo, tu alma, tu mente, tu talento…) o te putean; o eres un putero o un hijo de puta. No hay más. Bueno sí, escojas lo que escojas, acaban chuleándote por las buenas o por las malas.

    Somos esclavos de la alta postura. La baja impostura. Todos sabemos qué es lo que hay, pero aparentamos que no hay nada de eso y que lo que hay mola un huevo. Rizando el rizo de la hipocresía más criminal. ¿Pero para qué, por qué? ¿Por un puñado de dolores que van a conducirnos a la tumba o al crematorio frustrados e insatisfechos? Y pobres, muy pobres de espíritu, pobrísimos. La indigencia del alma. ¿Y todavía hay gente extrañándose de que haya peña por todos lados del planeta queriendo dinamitarlo todo? ¿Que alguien se levante un buen día, saturado de impotencia, deshecho en asco, con el alma acribillada, las neuronas impregnadas de odio y un arma en la mano y salga a la calle a cargarse al primero que pille?

    La embrutecedora inercia de la humanidad lleva tanto tiempo insistiendo en apagar la luz del planeta que ahora nos toca, en pleno siglo XXI, retozar en el asqueroso lodo del caos más tenebroso.  Hemos sucumbido a las diabólicas tinieblas de la codicia, la mentira, el beneficio material impuro y duro. A costa de millones y millones de esperanzas trituradas, de personas aniquiladas, de almas rotas y conciencias envenenadas. 




    El mundo se ha convertido en una máquina aplasta-sueños, devoradora global de bondades y buenas intenciones. Y si alguien, en cualquier punto del planeta, reúne fuerzas suficientes para tratar de despertar a unos cuantos seres humanos de la pesadilla existencial impuesta; esa inercia humana devastadora que se apoderó del gobierno de nuestras vidas y nuestros países pone en marcha sus sofisticados y globalizados mecanismos de aniquilación político-mediática y se le machaca. Sin piedad. No se consienten resquicios de decencia y dignidad. Que una cosa lleva a la otra y luego… nunca se sabe tú. Consumid, malditos, consumid, pero no penséis, no sintáis, no protestéis, no alborotéis, no despertéis de ese pedazo pesadilla que nos está forrando.

    Alguna mente aislada logra escaparse del redil putrefacto y expande luces creativas, críticas e incluso divertidas. Las toleran con pesar, pues saben que son un mal necesario para hacernos creer que somos nosotros los que votamos y llevamos las riendas de nuestros países y nuestras vidas. ¡Viva la Democracia! Viva la democracia de los adormecidos, los drogados, los comprados, los sumisos, los memos, los ignorantes, los temerosos. El miedo siempre ha funcionado a las mil maravillas. Nunca falla. Cagaditos estáis más guapos.

    Si tú eres de los que tienen la cabeza y el alma bien amuebladas, lo mejor que puedes hacer es montarte un rastrillo, vender lo que puedas y ver si te da para pasar un tiempo siendo tú mismo. Y procura no armar mucho escándalo, no sea que la tomen contigo y te aniquilen. O te somaticen.

    No, si yo sentido del humor tengo mucho, no concibo mi vida sin ese sentido. Y sin otros. Pero hay días en que la sobredosis de hartazgo e impotencia es tanta que necesitas evacuar Tu alma wáter ni que sea para desahogarte y seguir adelante sin desfallecer. ¡Y lo a gusto que una se queda! Ya si eso, otro día, nos echamos unas risas. Pero hoy, yo me cago en la próxima, ¿y usted?